Un viaje sinfónico por 50 años de videojuegos en el corazón de Barcelona
El pasado martes 24 de marzo tuve la oportunidad de asistir a un evento muy especial para cualquier amante de los videojuegos: “50 años de videojuegos en concierto”, celebrado en el majestuoso Palau de la Música Catalana. Y sí, lo digo desde ya: no fue solo un concierto… fue una experiencia.
Un escenario que ya es espectáculo
Antes de que sonara la primera nota, el propio Palau ya te gana. Este icono del modernismo catalán, diseñado por Lluís Domènech i Montaner, es una auténtica obra de arte. Techos de cristal que filtran la luz como si estuvieras dentro de una joya, columnas llenas de color, detalles florales en cada rincón… y un estado de conservación que impresiona.
No exagero: hay momentos en los que no sabes si mirar al escenario o perderte en la arquitectura. Y eso ya te pone en un mood muy especial antes de que empiece el concierto.

Videojuegos + orquesta = magia
El espectáculo corrió a cargo de la Royal Film Concert Orchestra, dirigida por Fernando Furones. Y desde el primer minuto quedó claro que no estábamos ante un concierto “clásico” al uso.
El repertorio fue un auténtico viaje generacional:
- Super Mario
- The Legend of Zelda
- The Last of Us
- Final Fantasy
- Halo
- Assassin’s Creed
- Metal Gear Solid
- Skyrim
- Fallout
- Genshin Impact
- Y un cierre retro con Tetris, Pac-Man y Street Fighter
Entre muchos otros.
La selección estaba muy bien pensada: combinaba nostalgia pura con bandas sonoras modernas, logrando que todo el público encontrara su momento. Y vaya si lo encontramos.

Fernando Furones: cuando el director también es parte del show
Aquí tengo que pararme un poco más, porque Fernando Furones fue clave.
No es el típico director serio que parece que te va a regañar si aplaudes antes de tiempo. Todo lo contrario. Es cercano, expresivo y bastante divertido. Se nota que disfruta lo que hace y que entiende perfectamente el tipo de espectáculo que está dirigiendo.
Tiene formación potente (salido de Berklee, nada menos, y con honores), ha dirigido en sitios como el Teatro Real o el Auditorio Nacional, y además compone música para cine. Pero lo mejor es que no va de eso. No hay pose.
Dirige con energía, con gestos muy claros, y consigue que tanto la orquesta como el público entren en el juego. Hubo momentos en los que parecía que estaba “actuando” la música, no solo marcando el compás. Y eso, en un concierto así, suma muchísimo.

Royal Film Concert Orchestra: nivel alto, pero sobre todo actitud
La Royal Film Concert Orchestra tiene mucho nivel, eso se nota desde el primer tema. Son más de 90 músicos, muchos de ellos formados en algunas de las mejores escuelas europeas, y con experiencia en escenarios importantes y festivales bastante reconocidos.
Pero lo que más me gustó no fue solo lo bien que sonaban, sino cómo estaban.
Atentos, conectados con el director, disfrutando. No era la típica orquesta que ejecuta y ya está. Aquí había implicación. Se notaba que este tipo de repertorio también les motiva, que no lo ven como algo “menor”.
Y eso se transmite. Porque cuando ves a los músicos pasárselo bien, tú lo vives de otra manera.

Cuando el videojuego se convierte en arte total
Uno de los momentos que más me marcó fue darme cuenta de algo muy simple: los videojuegos ya son arte, sin discusión.
Tienen narrativa, diseño visual, dirección artística… y música. Una música que, en muchos casos, es lo que convierte una escena en algo inolvidable.
Escuchar estas composiciones en directo, con una orquesta sinfónica, te hace valorar aún más ese trabajo. Entiendes que detrás hay compositores al nivel de cualquier gran producción cinematográfica.
Y sí: muchas de las mejores piezas nacen precisamente en contextos como este.
Un concierto para todos
Otro detalle que me encantó fue ver tantos niños y niñas en la sala. No es lo habitual en conciertos sinfónicos, y sin embargo aquí tenía todo el sentido del mundo.
La fusión entre música clásica y videojuegos funciona. Y funciona muy bien.
Es una puerta de entrada perfecta para nuevas generaciones, y al mismo tiempo un regalo para quienes llevamos años jugando.
Mucho más que música de videojuegos
Aunque el foco estaba en los videojuegos, también hubo guiños a bandas sonoras míticas como Star Wars, El Señor de los Anillos o Jurassic Park. Y encajaban perfectamente dentro del conjunto.
La Royal Film Concert Orchestra, que forma parte de la Fundación Excelentia, tiene precisamente esa vocación: llevar la música de cine (y ahora también de videojuegos) a escenarios de primer nivel en Europa. Y lo consiguen.

Una experiencia que merece repetirse
Salí del concierto con una sensación muy clara: esto no es una moda pasajera. Es una evolución natural. Los videojuegos están ocupando el lugar cultural que merecen, y eventos como este lo demuestran. La combinación de talento, pasión y un repertorio tan bien elegido convirtió la noche en algo realmente especial.
Pero si tengo que quedarme con algo, es con la entrega.
La del director.
La de los músicos.
La del público.
Porque al final, eso es lo que hace que una velada pase de ser buena… a ser memorable.
Y esta, sin duda, lo fue.
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